Tu carta de servicios, como se va a vender
Lo hace Quien decide los precios
La idea: El producto antes que la pantalla
En un salón, lo que se vende es el servicio: cada uno tiene su duración, su precio y su anticipo, y se cobra en su cita. No hace falta vender planes por adelantado. Lo que sí hay que decidir ahora es la carta tal como la va a ver la clienta en su teléfono: categorías (Uñas, Pestañas, Cabello), nombres que se entiendan sin preguntar, y qué servicios tienen precio «desde» porque dependen del largo o del diseño.
Una carta capturada como «la que tenemos en la pared» termina con servicios que la clienta no reconoce, duraciones de libreta que no son las reales —y la agenda se encima— y anticipos inventados en el mostrador cada vez.
Pasa tu carta a una hoja con estas columnas: categoría, nombre, duración real con la clienta, precio, ¿precio «desde»?, anticipo. La duración es la que de verdad toma, no la de la lista de precios.
Marca los servicios que no se deben reservar en línea —los que necesitan valoración, como un alaciado o una corrección de color—: esos se agendan solo en el mostrador.
Y si además das cursos o vendes productos, apúntalos aparte: tienen su propia fase.
Quedó bien si tienes tu carta en una hoja con categoría, duración real, precio, anticipo y qué se reserva en línea.
- Capturar la duración de la lista de precios y no la real: la agenda se encima desde el primer día.
- Dejar todo en línea, incluida la valoración. Quien reserva un servicio que requería valorarse llega a una cita que no se puede hacer.